Los jugadores del Real Madrid levantan a su técnico, Zinedine Zidane, luego de vencer al Atlético de Madrid en la final de la Liga de Campeones el 28/05/2016 en Milán, Italia. Foto: Christian Charisius/dpa (Vinculada a la crónica de dpa "El Real Madrid gana su undécima Copa de Europa en dramáticos penales" del 28/05/2016)

Cuando empezó esta Champions (la 60ª), en septiembre de 2015, cabía pensar que podía ser el torneo en el que Lionel Messi alcanzaría los cinco títulos de Alfredo Di Stéfano. Pero se interpuso el granítico Atlético de Madrid en cuartos de final y entonces se vislumbró que podía ser la primera vez para el equipo de Diego Simeone . Tampoco lo fue. La competencia pasará al recuerdo y quedará grabada con el nombre de Zinedine Zidane, más que el de Cristiano Ronaldo, que fue el goleador del certamen (16, a uno de su récord de 17 para la Liga de Campeones) y le dio la “Orejona” al convertir anoche el último penal.

El francés fue un talento dentro de la cancha y es un predestinado fuera de ella. Todo es muy rápido y reciente, y cuesta encuadrarlo como director técnico en su medida justa. Después de haber sido ayudante de Carlo Ancelotti en la conquista de 2014, parecía poco que hasta diciembre estuviera dirigiendo al Castilla (filial de Real Madrid) en la tercera división de España. En el club decían que lo estaban formando. Y ahora parece una enormidad que en apenas cinco meses, desde que a principios de enero reemplazó al despedido Rafa Benítez, haya llevado a Real Madrid a levantar la undécima Copa de Europa.

Es probable que Zidane sepa más de Real Madrid que de dirección técnica. A veces es más importante saber absorber la presión del lugar que se ocupa que tener conocimientos académicos. La final de ayer es un éxito que no lo consagra precisamente como un estupendo estratega, sobre todo a la hora de los cambios, que es cuando más importancia tiene un entrenador para reconducir un partido.

Zizou tuvo la desgracia de que se lesionara Carvajal y Danilo padeciera con la gambeta en velocidad de Carrasco. Con las otras dos variantes casi que le hace un favor al Atlético: sacó a Benzema, el delantero con más capacidad para tener la pelota cuando el rival se venía encima del área de Navas. Bale, de muy buen primer tiempo por su potencia para romper líneas y sacrificio para retroceder, y Cristiano Ronaldo, visiblemente mermado físicamente por las lesiones en el último mes, ya en la segunda etapa no podían hacer un movimiento sin acalambrarse. De no ser porque esos dos jugadores son intocables en la estrategia futbolística-comercial del presidente Florentino Pérez, deberían haber sido reemplazados. Real Madrid se expuso al riesgo de competir con hombres que apenas podían moverse. Pero en 120 minutos y penales hay suficiente material para que cada uno tenga una parte de la razón y la verdad. Y Zidane puede arrogarse el mérito de que Bale convirtió el tercer penal (se tocó el aductor tras la ejecución) y Cristiano el de la gloria definitiva.

Integrante conspicuo del Madrid de los Galácticos (con Figo, el brasileño Ronaldo y Beckham), Zidane le puso su sello a la Novena (así, los madridistas la refieren en mayúscula) con una volea antológica en la final en 2002. En la Décima estuvo de colaborador de Ancelotti, siempre con bajo perfil. Y ahora es el máximo responsable de un plantel que volvió a sentirse cómodo a su mando para liberar las energías positivas que no supo extraerle Rafa Benítez. “Real Madrid es el club de mi vida, el que me hizo más grande en todo”, dijo ayer, con esa sonrisa de monje, beatífica, para que en Real Madrid lo adoren todavía más.

 

Fuente: Canchallena La Nacion

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