Fuente: Diario Marca

img_7900La escalada de violencia y terror que se ha producido estas semanas en las calles de Lille o Marsella tiene su origen en las Islas Británicas, donde nació el fútbol y donde se creó el primer equipo de la historia, el Sheffield F.C. Las calles de Inglaterra vivían en aquella época la segunda fase de la Revolución Industrial. El aumento de población en las ciudades trajo consigo la formación de los primeros barrios conflictivos en las periferias, cerca de muelles y astilleros como los de Liverpool, Mánchester o Londres. Estos pequeños guetos estaban habitados por la clase trabajadora y más humilde, que al final de duras jornadas de trabajo acababa el día entre pintas de cerveza. En el corazón de estos barrios comenzaron a formarse pandillas de chavales de entre 14 y 18 años que perpetraban actos vandálicos y violentos: los denominados scuttlers. Ellos fueron, por así decirlo, los primeros hooligans, aunque nada tenían que ver con el fútbol.

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo fue la primera vez que se usó y tampoco queda muy clara su procedencia, pero lo que sí está datado es que la palabra ‘hooligan’ apareció escrita por primera vez en un informe de la Policía de Londres en 1898. Un año más tarde, el novelista Clarence Rook publicaría The hooligan nights, donde relata las vivencias de un scuttler llamado Alf.

Rook pudo inspirarse en Patrick Hooligan, un pandillero irlandés que mató a un policía, murió en la cárcel y se convirtió en toda una leyenda en los bajos fondos. Sir Arthur Conan Doyle, el archiconocido creador de Sherlock Holmes, utilizó el término ‘hooliganismo’ para referirse a actos vandálicos y violentos en su relato corto The adventure of the six Napoleons en 1904. Y si cruzamos el charco, nos encontramos con que en 1900, en Nueva York, nació la tira cómica Happy Hooligan, dibujada por Frederick Opper, en la cual se relatan las aventuras de un vagabundo con muy mala suerte.

Esa fue la definición de ‘hooligan’ hasta la década de los 60 del siglo XX: un camorrista borracho y pandillero, sin ninguna asociación con el fútbol. Hasta que los periodistas británicos empezaron a llamar así a los violentos que iban a los campos de fútbol. En esos años comenzaron a formarse las firms, que es como se denominan las agrupaciones de ultras de los equipos británicos, y las rivalidades existentes entre ellos eran producidas en su mayoría por motivos deportivos o económicos. Como la del Manchester United y el Liverpool, que se remonta a cuando la ciudad de Mánchester construyó el canal de Bridgewater para tener acceso al mar en 1894, lo cual perjudicaba económicamente a Liverpool.

De entre todas las firms se podría destacar a la del Millwall como la más violenta y famosa. Uno de sus lemas reza “No gustamos a nadie, pero no nos importa”. Y así ha sido desde su fundación, manteniendo una fortísima rivalidad con la del West Ham. Ambas firms, los Millwall Bushwackers y la Inter City Firm, han protagonizado episodios de violencia y vandalismo. Cuando estos dos equipos se enfrentan el partido es considerado como el derbi más violento de la clase obrera.

Pero si hay un evento que puso en el ojo del huracán a todo el movimiento hooligan y lo señaló con el dedo fue la tragedia ocurrida en la final de la Copa de Europa de 1985 en el estadio de Heysel, en Bruselas. Hooligans del Liverpool provocaron una pelea contra seguidores de la Juventus dentro del estadio que derivó en una estampida. El altercado se saldó con 39 aficionados muertos, 32 de ellos italianos.

Este desgraciado incidente internacional, sumado a los que ese mismo año se produjeron en Inglaterra, como la batalla campal entre miles de hinchas en el encuentro entre el Luton Town y el Millwall, la muerte de un joven de 15 años en el estadio de St. Andrews mientras acudía a un partido entre el Birmingham y el Leeds, y el incendio en la tribuna del estadio del Bradford, que se saldó con la muerte de 56 personas, provocaron que Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, entrara en escena.

La entonces Primera Ministra británica declaró tras la tragedia de Heysel: “Hay que limpiar el fútbol inglés de los hooligans”. Pero no fue hasta cuatro años después, fecha de la tragedia de Hillsborough, cuando se puso manos a la obra. En la semifinal de la FA Cup de 1989 se enfrentaban Liverpool y Nottingham Forest. Se produjo una avalancha en las gradas que aplastó a los seguidores contra las vallas, y fallecieron 96 personas. La Football Spectators Act había entrado en vigor meses antes. Era una ley en la que se pedía el documento de identidad para entrar al estadio. Gracias a ella se fichó a miles de hooligans, que debían permanecer en casa o en la comisaría los días de partido. Pero el gobierno británico dio un paso más y entró en acción el Informe Taylor, o como algunos lo llamaron, “el fin del fútbol”.

El Informe Taylor se publicó en 1990 y exigía a los clubes una completa remodelación de sus estadios. Los espectadores estarían sentados y no de pie, y se instalaron circuitos cerrados de TV para controlar accesos y gradas. Estas medidas obligaron a los clubes a desembolsar un dinero extra. La solución fue la aparición de nuevos patrocinadores y los contratos televisivos con Sky Sports. Los precios de las entradas se dispararon y el fútbol dejó de ser un espectáculo para la clase humilde y obrera. Como efecto indirecto, muchos de aquellos que acudían cada fin de semana a los estadios a armar bronca dejaron de ir por los prohibitivos precios.

Ultras rusos y tácticas paramilitares

Sin embargo, treinta años después los violentos todavía se reúnen para pelear entre ellos y sembrar el terror y el caos por donde pasan. Además, el fenómeno hooligan traspasó pronto las fronteras de las islas británicas y ha sacudido toda la Europa continental. Grecia, Turquía, Rusia, España, Polonia… son sólo algunos de los países donde los ultras han dejado heridos e incluso muertos a su paso. Dentro de dos años se celebrará el Mundial en Rusia, de donde provienen los más peligrosos actualmente. Con experiencia militar y entrenados con disciplina, como hemos podido comprobar en sus vídeos, los hooligans rusos utilizan tácticas paramilitares en sus enfrentamientos y no se cortan a hora de utilizar armas blancas, puños americanos, piedras o cualquier mobiliario urbano que puedan lanzar contra ultras rivales, policías, transeúntes…

En Inglaterra, la tierra de los padres del fútbol, también germinó una semilla de odio, de violencia y de sinrazón, cuyas terribles consecuencias aún nos afectan.

 

 

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