“No cualquiera está preparado para soportar la exigencia que demanda un club tan grande”, señala el ecuatoriano, proveniente de Independiente del Valle

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Llegó a River con el silencio y la humildad que todavía lo acompañan, envuelto en esa sonrisa indefinida, mitad cortesía, mitad desconcierto. Trajo las dudas que despierta lo desconocido, pero también las ganas de hacerse conocer. Llegó convencido de quien sabe que la vida le dio una gran oportunidad y quiere aprovecharla. Con tan sólo cinco meses en el club, Arturo Rafael Mina , de 26 años, lleva en su rostro la satisfacción del momento que le toca transitar y transmite en sus palabras la misma franqueza con la que juega cada partido: “Hay que tener agallas para venir a jugar a River. No cualquiera está preparado para soportar la exigencia que demanda un club tan grande”, expresó apenas arribó a Argentina.



Hoy, consolidado como titular y respetado por los hinchas, el defensor ecuatoriano está a horas de vivir su primer superclásico como jugador de River. Maravillado con los asados argentinos, pero extrañando los encocados, Mina no puede ni quiere abstraerse de la atmósfera que genera uno de los eventos deportivos más importante del mundo. “El que no sienta nervios antes de un partido así no es un ser humano. Estando en Ecuador, mientras miraba los River-Boca por televisión, siempre anhelaba vivirlo en la cancha. Por suerte, el domingo cumpliré un gran sueño”, admite Arturo, que llegó a River a mediados de julio, después disputar la final de la Copa Libertadores con Independiente Del Valle y dejar en el camino, en las semifinales, nada menos que a Boca. Claro que antes, en los octavos de final, también se había retirado triunfante del Monumental, eliminando a su actual club, que por entonces era el defensor del título.

Aquella buena actuación en la Bombonera fue determinante para que Gallardo aprobara su contratación, tras no poder fichar para el Atlético Mineiro, de Brasil. “Lo que pasó en esa Copa libertadores es parte de otra historia, con otro club. Obviamente me queda la satisfacción de haberle ganado a Boca esos dos partidos, en Ecuador y en la Bombonera, pero no es bueno recordarlo a cada instante. Ya pasó. Hoy estoy enfocado en dar lo mejor en River y en ganar el superclásico”, comentó Mina, quien volverá a luchar en el fondo de la cancha contra el gran ídolo xeneize: Carlos Tevez. “Carlitos es un referente de Boca, pero no creo que sólo haya que cuidarse de él, sobre todo después de lo que vimos contra Racing. Debemos estar atentos a todo y con todos”, minimizó el alto defensor, de 1,89m.



En una defensa que constantemente sufre remiendos por lesiones y suspensiones, El Rey Arturo, como lo apodan los hinchas, se convirtió en un baluarte inamovible para Gallardo. Una defensa que, en los últimos años, fue perdiendo piezas relevantes en distintos momentos del ciclo de Gallardo: Ramiro Funes Mori, Germán Pezzella, Emanuel Mamanna, Gabriel Mercado y Leonel Vangioni. La cantidad de minutos que Mina acumula en la cancha tiene relación directa con su rendimiento futbolístico. El ecuatoriano suma 25 partidos completos en el semestre: cinco con Independiente del Valle, cinco con su selección y 15 con River. El único partido que Gallardo prescindió de sus servicios fue contra Huracán, cuando estuvo en el banco de suplentes. “El descanso que me dio el entrenador me vino bien, pero para ser sincero, quiero jugar todos los partidos. No soy de sentir el desgaste físico que me puede demandar la acumulación de partidos jugados”, comentó el defensor, quien se convirtió en el primer ecuatoriano en convertir en River: en el 1-0, frente a Talleres, en Córdoba, por la segunda fecha del actual Torneo de Primera División.

Con sólo cuatro días de diferencia, River afrontará dos desafíos trascendentales para cerrar el año, cuyos resultados pueden cambiar el ánimo y los humores tanto de jugadores y cuerpo técnico como de los simpatizantes. El domingo enfrentará a Boca y el jueves 15 se jugará la participación en la próxima Copa Libertadores ante Rosario Central, en la final de Copa Argentina, en Córdoba. Más allá de las presiones y las obligaciones, Mina parece tener bien claro el orden de las prioridades: “Lo primordial y más urgente es Boca. Después del domingo tenemos que pensar en Rosario Central”, afirmó.



En las redes sociales, los hinchas de River ya lo llaman “El Depredador”, por su parecido físico con el personaje de la película de Hollywood y por el respeto que impone ante sus rivales. Sin embargo, la fuerte personalidad que muestra dentro del campo contrasta con la buena onda con la que se lo puede ver caminando por Palermo, el barrio donde vive con su esposa Maura y su pequeño hijo, de cuatro años. “Es increíble el afecto de los hinchas. Estoy muy agradecido por la confianza que me dieron desde el principio”, comenta Mina, quien todos los días viaja a los entrenamientos en taxi porque reconoce que todavía le causa algunos temores manejar en una ciudad caótica como Buenos Aires, envuelta en marchas y piquetes.

El primer marcador central de la selección de Ecuador llegó a River desde Independiente del Valle a cambio de 2,4 millones de dólares por el 60 por ciento del pase, por cuatro temporadas. Nacido el 8 de octubre de 1990 en el Cantón Río Verde, en la provincia de Esmeraldas, hizo sus primeras armas dentro del fútbol en el Club Miura, del cual su madre es presidente vitalicia. Tras pasar por el Deportivo Puyo de Pastaza, se inició en el profesionalismo con el Municipal de Santo Domingo y el UTE de Pichincha, para terminar desembarcando en el Maracá. Su buen rendimiento allí le abrió las puertas de Independiente del Valle, donde pegó el salto de calidad definitivo. Su buen juego aéreo, sus cruces justos, su personalidad y el buen entendimiento que tuvo con su compañero de zaga, Jonatan Maidana, hicieron que el futbolista rápidamente se ganara la confianza del entrenador. “Cuando llegué a River venía con ritmo de plena competencia y aquí todavía no había arrancado el campeonato. Por eso, tal vez esos primeros días me costaron un poco menos”, se justifica Mina, cada vez que se lo consulta sobre su rápida adaptación al futbol argentino.

Antes del comienzo de la pretemporada, Gallardo había manifestado que una de las zonas a reforzar era la parte defensiva. A la llegada de Luciano Lollo, el refuerzo pretendido por el técnico, se sumó Mina, quien estaba destinado a ser suplente. Sin embargo las dificultades que debió atravesar el ex defensor de Racing por una lesión, le abrieron la chance al espigado ecuatoriano de consolidarse como titular sin tener prácticamente la pretemporada hecha.

“Me gusta el fútbol argentino y siempre tuve como meta poder jugar acá. Es una competencia muy exigente, de gran nivel. Y la pasión de los argentinos es incomparable con lo que se ve en otras ligas. Cuando uno llega a un club importante, es consciente de que estos momentos van a llegar y que hay rendir bien y aprovecharlos. En Ecuador hay mucha expectativa por el superclásico y me gustaría regalarles un gol, claro”, pronuncia entusiasmado Mina, el recio zaguero que sueña con volver a hacer historia contra Boca. Como aquella noche en la Bombonera, cuando con Independiente del Valle logró una victoria inolvidable y el pase a la final de la Libertadores. Con una actuación que le abrió los ojos a Gallardo y que derivó en este presente de ilusiones.

Fuente: La Nacion

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