La cara de Roger Federer debería ser un emoji que signifique “leyenda”. Porque eso es lo que es. Porque eso es lo que sigue haciendo en el tenis. Hoy, a los 35 años, el suizo volvió a escribir una capítulo más en la historia grande del tenis: venció a su compatriota Stan Wawrinka, N°4 del mundo, en cinco sets (7-5, 6-3, 1-6, 4-6 y 6-3) y se metió en la final del Abierto de Australia, en donde se enfrentará con el ganador del duelo de mañana entre Rafael Nadal y Grigor Dimitrov.

De esta manera, el N°17 del mundo -sólo Sampras logró ganar un torneo grande con esa preclasificación- volverá a jugar la final de un Gran Slam después de dos años y buscará su conquistar N°18 en este tipo de torneos, después de casi cinco años sin poder lograrlo, ya que el último lo ganó en Wimbledon 2012. Además, los números son asombrosos: será la vigésimo octava final de GS y la sexta en Australia.

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